sábado, 4 de octubre de 2008

Sin nombre

De chiquita pensé que tenía poderes. Creía que si me concentraba mucho podía volar, mover las cosas con la mente, detener el tiempo, volverme invisible (como me habría gustado eso) y tener un oído supersónico que me permitiera escuchar todas las conversaciones. Me creía una iluminada, alguien especial, diferente, el santo grial. El mundo giraba a mí alrededor y yo era la detentora del control remoto cósmico.
Cuando vamos creciendo nos van colando los sueños, la imaginación, el sentimiento de omnipotencia y nos convierten en alimañas insignificantes. Nos van moldeando y quitando el encanto, hasta que nos acostumbramos y nos volvemos seres grises. Yo soy gris, mi madre es gris, el panadero es gris, la gente que veo en la calles es gris. Pero todavía recuerdo cuando conocía a alguien que no era monocromático. A una persona diferente, alguien que conservó el poder absoluto a pesar de crecer y me toco y por un momento cambiando así los colores de mi tablero de ajedrez.

4 comentarios:

EB dijo...

Es la primera vez que leo un post tuyo. Me gusta la manera de escribir tuya, estoy seguro que seguiré leyéndote.
Déjame decirte que incluso nuestra lima es gris, del color de la panza del burro. Exitos.
www.noficial.blogspot.com

EB dijo...

Es la primera vez que leo un post tuyo. Me gusta la manera de escribir tuya, estoy seguro que seguiré leyéndote.
Déjame decirte que incluso nuestra lima es gris, del color de la panza del burro. Exitos.
www.noficial.blogspot.com

Alejandro dijo...

Yo sólo veo gente gris con vidas grises... Que cuando los conozco de verdad son arcoiris. Lo que pasa es que casi nadie quiere que los conozca.

Penélope dijo...

Pues vuelvete tu de colorines,seguro que puedes, tal vez entonces cambies tu percepción de las cosas...

Besitos