jueves, 13 de noviembre de 2008

Cronica de amores y desamores1: Valeria y el precio del amor

Valeria compraba para aparentar, se vestía para aparentar y hasta amaba para aparentar. Para ella lo que importaba era la cantidad y no la calidad. Cuando era chiquita le decía a quien se le cruzaba que tenía 42 barbies y cuando crecio se acostumbro a decirle a todo el mundo que había tenido 15 novios. Como buena estudiante universitaria de matemática y física ( carreras a las que se metío porqué para ella sonaba inteligente decir que estudiaba eso) todo se reducía a números y a cantidades, las cuales siemrpe eran grandes. Por eso cuando valeria se enamoraba lo hacía en grande y gastaba en grande. Derrochaba miles en cada aventura amorosa y eso lo sé porqué casi casi me mostraba el recibo para que viera el monto de cada una de sus compras. Además otra cosa que caracterizaba sus relaciones era que cuando estaba con alguien se olvidaba del mundo y solo salía con el muchacho de turno. Así la pobre Valeria que también malagastó su tiempo en grande (con patas que no valian la pena o otros que si la valian pero a los que aburría con su obsesión opresora) terminó perdiendo a cada una de las amigas que alguna vez tuvo porqué las cansó con sus aires de grandeza, con sus relaciones obsesivas y además porqué d elo único que hablaba era de cuanto gastó en el último viaje y del hombre de turno. Actualmente la señorita se encuentra sola y sin compromiso, interesados que me avisen y yo los contacto con la candidata, por lo menos les aseguró que regalos caros van a recibir, pero para eso tendran que casi casi vender sus almas al diablo.

1 comentario:

Alejandro dijo...

pobrecita Valeria... No le enseñaron que a veces una piedra regalada en un día especial al lado del mar por una persona epecial te acompañará como el regalo más caro que nadie te hubiera podido regalar. A veces una piedra se convierte en preciosa porque alguien te la regala.

Cuéntale a Valeria que los regalos únicos, los que no se pueden pagar porque no tienen precio, te los hace una persona especial. Y que para que sea especial necesitas que sea tu única persona, que el resto está bien para distraerse un rato, para darle al cuerpo alguna alegría...

Pero lo que necesita el alma es otro tipo de comida para vivir.